El PVJ responde a retos ligados a la violencia juvenil, al acceso limitado a la formación y al empleo, y a la falta de entornos seguros y estructurados donde los jóvenes puedan aprender, encontrarse y participar en la vida comunitaria. Para afrontarlos, el programa combina infraestructura juvenil con formación profesional, apoyo a iniciativas lideradas por jóvenes y medidas que refuerzan la participación, la apropiación local y la cohesión social.
Los barrios del programa se sitúan en los municipios de Ngaliema y Masina, en Kinsasa.
Unir infraestructura, competencias y participación
Un elemento importante de este enfoque integrado ha sido la habilitación de cuatro centros juveniles y tres puntos de encuentro en seis barrios de Kinsasa: Camp Luka, Gulf Manenga y Mama Yemo en el municipio de Ngaliema, y Tshuenge, Nzuzi wa Mbombo y Matadi en el municipio de Masina. Estas instalaciones sientan una base para la formación, la implicación juvenil y las actividades comunitarias en barrios donde los jóvenes apenas disponían de espacios seguros y estructurados para aprender y participar.
Los centros ofrecen a los jóvenes lugares donde adquirir competencias prácticas, reunirse con seguridad, participar en actividades organizadas y estrechar sus lazos con la comunidad.
El centro juvenil de Tshuenge, en Masina.
Ese vínculo se aprecia ya en los primeros ciclos de formación profesional apoyados por el PVJ, iniciados durante la construcción de los nuevos centros. En 2024 y 2025, más de 1.700 jóvenes de Masina y Ngaliema completaron con éxito una formación profesional en instituciones congoleñas, el 53 por ciento de ellos mujeres jóvenes. La formación abarcó campos prácticos como informática, corte y confección, pintura, alicatado, cosmética, conducción, estética y peluquería, hostelería, restauración, pastelería y otras competencias vinculadas al empleo y a la autonomía.
Los nuevos centros dan a estos itinerarios de aprendizaje un lugar donde arraigar. Ofrecen el marco para una formación estructurada y una participación sociocultural en comunidades donde escaseaban las instalaciones juveniles seguras, accesibles y pensadas para ese uso.
Para una joven participante formada en pintura, el efecto se hizo tangible después del curso, cuando consiguió su primer encargo remunerado en una vivienda. «Me pagaron bien y eso me marcó», cuenta. Su experiencia es un ejemplo modesto pero elocuente de cómo el acceso a la formación, junto con las oportunidades que abre el PVJ, puede empezar a cambiar el día a día de una persona joven.
El centro juvenil de Nzuzi wa Mbombo, en Masina, construido en torno a un árbol conservado.
Crear oportunidades mediante la participación
El PVJ incorpora también la participación juvenil en la forma de ejecutar las actividades. En todos los barrios destinatarios, los jóvenes no fueron solo los futuros usuarios de los centros: participaron además en la propia construcción. En Camp Luka, Gulf Manenga, Mama Yemo, Nzuzi wa Mbombo, Tshuenge y Matadi, jóvenes del barrio trabajaron en la obra como operarios, y obtuvieron experiencia práctica, ingresos y un interés directo en las instalaciones que se levantaban en su entorno.
En Camp Luka, la construcción comenzó en agosto de 2023 y avanzó a lo largo de 2024. El emplazamiento está hoy operativo: el centro Kimia, autogestionado por la organización juvenil, ofrece espacios de formación específicos, y un edificio escolar contiguo pone aulas a disposición del alumnado local. Un joven participante nos cuenta que trabajar en la obra le ofreció una alternativa a la calle y una forma de mantenerse mediante un trabajo con sentido.
El centro juvenil Kimia, en Camp Luka, Ngaliema.
En el barrio de Matadi, el punto de encuentro Saldemi se habilitó junto a un campo de deportes polvoriento que los jóvenes llevan años defendiendo frente al acaparamiento de tierras, con partidos diarios y competiciones locales de fútbol. El programa mejoró el entorno con plantación de árboles y alumbrado público, y ayudó así a convertir un lugar de reunión ya existente en un espacio comunitario más estructurado, visible y utilizable.
Reforzar la apropiación local
La apropiación local es otro pilar del enfoque del PVJ. Los centros están concebidos para ser gestionados por las propias asociaciones juveniles, con apoyo del programa para reforzar las capacidades organizativas, de gestión y de liderazgo necesarias para su funcionamiento a largo plazo. Al situar a los jóvenes en el centro de la decisión y la gestión, el programa busca promover la sostenibilidad y reforzar la apropiación local, para que los centros sigan respondiendo a las necesidades de sus comunidades.
Gracias a estos centros, las actividades formativas, las iniciativas juveniles y la implicación comunitaria pueden desarrollarse de forma más estructurada y sostenible. Además, dan a las asociaciones juveniles una plataforma para organizar actividades y afianzar su papel dentro de la comunidad.
El punto de encuentro juvenil Mama Yemo, en Ngaliema.
Una base para futuros más seguros
El programa PVJ demuestra cómo un enfoque integrado puede abrir nuevas oportunidades a los jóvenes en contextos marcados por la violencia y la exclusión social. En Kinsasa, la infraestructura juvenil, la formación profesional, el acompañamiento social, la participación y la apropiación local han contribuido a reforzar las competencias profesionales y sociales, la implicación comunitaria y la capacidad de los jóvenes para construir su futuro.
El valor de este enfoque está en su continuidad. Un curso de formación, un encuentro juvenil, una proyección de cine, una actividad deportiva o un debate comunitario exigen algo más que buena intención: requieren estructuras de apoyo y oportunidades donde los jóvenes puedan aprender, participar y conectar con su comunidad.
Para GOPA Tech, el PVJ subraya la importancia de combinar la inversión física con medidas que refuercen competencias, participación y apropiación local. Juntos, estos elementos pueden alimentar la cohesión social y sostener comunidades más inclusivas y resilientes.