Los programas de desarrollo conceden cada vez más peso a la resiliencia urbana

En abril de 2024, las inundaciones anegaron miles de viviendas y desplazaron a más de 200.000 personas en ciudades rusas y kazajas situadas junto al río Ural. Ese mismo mes, en Tanzania, Kenia y Somalia, inundaciones y corrimientos de tierra causaron más de 150 muertos y cientos de heridos, con cosechas enteras perdidas. Fuertes tormentas anegaron los países del Golfo Pérsico, con víctimas mortales en Omán y en los Emiratos Árabes Unidos y daños en infraestructuras por más de 650 millones de dólares. También en abril, en el estado brasileño de Rio Grande do Sul, cerca de 50 personas murieron y 5.000 viviendas quedaron destruidas por lluvias intensas e inundaciones, en el peor desastre climático registrado hasta ahora en la región.
Estos episodios subrayan la urgencia de un enfoque integral del refuerzo de la resiliencia, sobre todo en los países de renta baja y media. En el contexto del desarrollo urbano y rural, la resilienciadesigna la capacidad de resistir choques y tensiones externos, desde desastres naturales hasta episodios provocados por la actividad humana, de adaptarse a ellos y de recuperarse, manteniendo las funciones esenciales.
El nexo entre resiliencia urbana y prosperidad rural
Mientras el planeta afronta la creciente amenaza de las inundaciones y, en el extremo opuesto, de la sequía, resulta cada vez más importante atender a la interacción entre los territorios urbanos y rurales.
«Una sola carretera puede alterar todo un sistema de gestión del agua», afirma Frank van Steenbergen, director y especialista en agua y clima de MetaMeta, empresa neerlandesa que se ha incorporado recientemente a GOPA.
Van Steenbergen insiste en la necesidad de enfoques integrados en los proyectos de resiliencia urbana y señala, por ejemplo, que los sistemas urbanos de drenaje pluvial o de evacuación de aguas residuales pueden dañar gravemente la tierra y los recursos hídricos de las zonas rurales del entorno, con contaminación y perjuicio para la producción de alimentos de regiones enteras. Bien planteados, en cambio, permiten retener el agua de lluvia de las ciudades y reutilizar las aguas residuales. Así se refuerzan los medios de vida de quienes trabajan la tierra, mejoran los sistemas alimentarios locales y áreas metropolitanas enteras ganan resiliencia frente a inundaciones y sequías.
Oportunidades dentro de límites estrictos
«El principal problema para hacer las ciudades resilientes a las inundaciones es la falta de suelo disponible para un drenaje adecuado», afirma Winfried Zarges, director regional para Oriente Medio de GOPA Tech.
En la mayoría de las grandes ciudades de países de renta baja y media, el espacio limitado para vivir empuja a la población a asentarse en barrios precarios e informales en los bordes de los núcleos urbanos. A menudo hay que realojar a esas poblaciones cuando se construyen infraestructuras de drenaje adecuadas, como canales.
«Es un problema aún más complejo en las ciudades costeras, si se tiene en cuenta el riesgo de subida del nivel del mar», añade Zarges.
Gestionar el agua en las ciudades es también un asunto complejo desde el punto de vista de la gobernanza.
«Abordar la imagen completa de la resiliencia urbana exige un esfuerzo coordinado de todos los actores de alto nivel, desde promotores privados hasta ministerios y organizaciones ambientales, algo que suele ser difícil por la competencia entre prioridades», observa Zarges.
Esto resulta especialmente cierto allí donde urgencias como construir escuelas y hospitales o combatir la hambruna aguda y la desnutrición crónica pueden parecer más apremiantes que unos proyectos de resiliencia frente a desastres naturales, por definición de largo plazo.
A ello se suma la falta de regulación del uso del agua en las zonas rurales, donde la agricultura a gran escala agota a menudo con rapidez las aguas subterráneas.
«Necesitamos plantear estrategias de recarga de acuíferos y mirar el conjunto, en lugar de pensar las cuencas rurales como algo separado de los contextos urbanos», sostiene Van Steenbergen.
Estas limitaciones, sin embargo, ofrecen también oportunidades singulares. Un camino consiste en repensar las infraestructuras para que dejen de cumplir una sola función y resuelvan varios problemas a la vez. Las calles urbanas, por ejemplo, pueden construirse para hacer de drenaje en caso de crecida o para frenar los picos de escorrentía; los proyectos de renaturalización urbana pueden absorber la escorrentía y recargar los acuíferos y servir a la vez como parques públicos; y los humedales urbanos pueden funcionar como espacios de ocio y de protección de la fauna mientras recogen el agua de crecida de las ciudades y mejoran la calidad del agua.
Las estructuras de gobernanza y las normativas existentes pueden, y deberían, servir de mecanismos para facilitar el diálogo y los acuerdos, con el foco puesto en tender puentes entre el uso, el drenaje y la evacuación del agua en el ámbito urbano y en el rural.
A la altura del reto
En los últimos años, los donantes han asumido la urgencia de adaptarnos a un clima cambiante, lo que se traduce en un peso creciente de la resiliencia urbana en los programas de desarrollo. Aplicar estas medidas con antelación no solo evita pérdidas de vidas humanas, sino que ahorra costes frente a la reparación posterior de las infraestructuras dañadas.
Zarges señala, no obstante, que «ejecutar este tipo de proyectos exige un cambio de perspectiva enorme: pasar de un enfoque reactivo a otro proactivo, que consiste en preparar regiones enteras para algo que esperamos que no ocurra nunca».
Más que dar respuesta a dificultades que las comunidades ya padecen, los proyectos centrados en la resiliencia de las ciudades deberían considerar los escenarios futuros posibles y ofrecer soluciones de diseño anticipatorias.
«Las ciudades presumen de ser “verdes y resilientes”. Ahí hay una oportunidad», apunta Van Steenbergen.
Hoy, el 55 % de la población mundial vive en zonas urbanas, una proporción que se espera que alcance el 68 % en 2050. Con un clima que cambia a gran velocidad, ser estratégicos en el diseño y la construcción de las ciudades desde la óptica de la resistencia a las inundaciones es más crucial que nunca. Para ello, quienes planifican, diseñan y deciden deben tener siempre presente la relación entre las ciudades y los entornos rurales que las rodean.
(Publicado originalmente el 16 de mayo de 2024. Se han introducido actualizaciones para reflejar la identidad de marca actual.)