Construir comunidades resilientes
La mirada de Salvador Rodriguez, consultor sénior de GOPA
Salvador Rodriguez, consultor sénior en energía sostenible en edificación de GOPA, explica cómo GOPA integra la resiliencia climática y la sostenibilidad económica en el desarrollo de infraestructuras, y destaca el enfoque colaborativo de la organización con donantes, gobiernos y actores locales. Su trabajo pone el acento en el fortalecimiento de capacidades, el impacto a largo plazo y la importancia de soluciones innovadoras para mitigar el cambio climático.
P: Háblenos de su trayectoria y de su trabajo en GOPA.
Salvador Rodriguez: Trabajo con GOPA desde 2010, sobre todo en México, pero también en otros países de América Latina. Me he dedicado principalmente al entorno construido sostenible, incluida la eficiencia energética y las energías renovables para vivienda social y edificios públicos.
P: ¿Qué mantiene viva su pasión por el trabajo en GOPA?
SR: Puedo contribuir a mejorar y hacer más sostenibles las condiciones de vida en todo el mundo. A medida que los efectos adversos del cambio climático se hacen más evidentes y los fenómenos meteorológicos extremos son mucho más frecuentes, hace falta actuar más en todos los niveles de la sociedad, sector público, sector privado y particulares, para construir un mundo más sostenible. Como arquitecto especializado en tecnologías energéticas sostenibles para el entorno construido, puedo aplicar todo mi conocimiento y mi entusiasmo a políticas, herramientas y acciones de desarrollo de capacidades que inciden directamente en la vida cotidiana.
P: ¿Cómo se cruzan la resiliencia climática y el desarrollo de infraestructuras, y qué papel juega en esa relación la sostenibilidad económica?
SR: La resiliencia climática es decisiva en cualquier proyecto de infraestructura, igual que la sostenibilidad económica a largo plazo: cuando una infraestructura falla por causas meteorológicas, llegan las pérdidas financieras. Nuestros proyectos integran la resiliencia climática en su ADN desde la fase de conceptualización, precisamente porque está directamente ligada a la sostenibilidad económica. A medida que la financiación verde se generaliza, gobiernos y bancos deben asegurarse de que la inversión en infraestructuras dé lugar a edificios nuevos e innovadores, capaces no solo de resistir fenómenos extremos, sino también de ayudar a mitigar el cambio climático. En ese sentido, la sostenibilidad económica está directamente unida a la resiliencia climática.
P: ¿Cómo trabaja GOPA con los donantes, junto a los gobiernos e instituciones locales, al ejecutar proyectos de infraestructura sostenible?
SR: Hemos trabajado con donantes muy diversos, entre ellos la GIZ, el KfW y la Unión Europea, cuyas prioridades coinciden con nuestro entusiasmo y nuestra experiencia en construir un entorno edificado sostenible. Trabajamos con ellos como socios, para encontrar nuevas respuestas a retos complejos y diseñar formas innovadoras de mejorar lo existente. Aunque asesoramos sobre todo a responsables públicos federales y locales, también trabajamos con promotores de vivienda, fondos de ahorro energético y otros actores, para ofrecer a los usuarios finales una vivienda más sostenible.
Un ejemplo: un proyecto en el que acompañamos a autoridades locales en códigos de edificación sostenible. Los actores locales reconocen la necesidad del cambio, pero a menudo carecen de la experiencia necesaria o se topan con obstáculos jurídicos y normativos que impiden o retrasan la aplicación de nuevas normas. Nuestras recomendaciones técnicas, los talleres que impartimos para introducir normas de eficiencia energética y los análisis que realizamos para determinar las soluciones más adecuadas al contexto local contribuyen a diseñar marcos prácticos, escalables y eficaces.
P: ¿Puede darnos un ejemplo del trabajo de GOPA con usuarios y comunidades locales en proyectos de infraestructura sostenible?
SR: Llevamos a cabo un proyecto piloto de rehabilitación de viviendas en Mexicali, una zona de clima cálido y seco. Tras el proyecto, los miembros de la comunidad están mejor informados sobre eficiencia energética y viven en hogares eficientes, con un consumo mínimo, lo que les permite hacer frente a sus facturas de electricidad y a sus préstamos. Nuestro trabajo no solo transformó cómo se sienten en sus casas, con mejoras en salud y confort, sino que además ayudó a la ciudadanía a entender que mejorar la vivienda es posible y viable.
Nuestros servicios priorizan la sostenibilidad a largo plazo mediante el desarrollo de capacidades en todos los niveles, y dotan a los profesionales de conocimientos que les acompañarán durante toda su carrera, aunque cambien de puesto. Damos prioridad a compartir y difundir el conocimiento que construimos junto a los actores locales, procurando que nuestro trabajo se apoye en lo que ya hacen y ayudándoles a innovar y a investigar. Esta estrategia favorece la apropiación de los proyectos, clave para una sostenibilidad real.
Desarrollamos un sistema de calificación del desempeño energético e hídrico para la vivienda social en México, a partir de un programa existente de hipoteca verde que financiaba ecotecnologías pero no cuantificaba el ahorro de energía y agua. Ese sistema permitió al banco medir el efecto de sus inversiones en términos de ahorro de energía, agua y CO2, datos que podían comunicarse al Gobierno nacional. De ahí surgió la primera Medida de Mitigación Apropiada a Nivel Nacional [NAMA] de México, que demostró cómo una vivienda eficiente puede reducir las emisiones de CO2. El proyecto atrajo atención internacional y financiación de varias instituciones. Con el tiempo formamos a profesionales en el uso de estas herramientas, adoptadas después por instituciones públicas e incluso por bancos privados. Hoy cada vivienda tiene una calificación energética y conocemos sus emisiones de CO2. Ha sido un camino largo, pero hemos logrado aplicar este sistema tanto al sector público como al privado.
(Publicado originalmente el 31 de octubre de 2024. Se han introducido actualizaciones para reflejar la marca actual.)